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INNOVACIÓN Y DERECHOS DE PROPIEDAD INDUSTRIAL

El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar

Enrique Dans

Creatividad e innovación son conceptos que van tradicionalmente ligados pero que es necesario distinguir, definiendo la creatividad como el proceso mental para la generación de expresiones artísticas, mientras que la innovación es la materialización o implementación de estas ideas a un bien o servicio para que se distinga de los demás.

La innovación es la base de cada una de las mejoras realizadas sobre un producto o servicio, introduciendo novedades. Según la definición plasmada en el Manual de Oslo (2005): es la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores. A menor escala, la innovación permite a las empresas mejorar su competitividad, aumentar la oferta, incrementar su productividad o ampliar sus resultados.

Todo ello hace de la innovación un factor determinante desde el punto de vista empresarial. En un estudio realizado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) se evidencia que, en los procesos modernos de fabricación, el valor de activos intangibles como las invenciones, los dibujos y modelos industriales y los conocimientos especializados es casi el doble que el de activos tangibles como las materias primas. 

Por estos motivos, resulta especialmente relevante el apoyo y protección de la innovación. Esta protección se articula a través del sistema de Propiedad Intelectual e Industrial. A través de este sistema, los titulares obtienen una serie de derechos de exclusiva sobre la invención, y pueden impedir que terceros utilicen o copien sus productos, sin su autorización. Estos derechos de Propiedad Industrial pueden revestir multitud de formas: invenciones, dibujos y diseños industriales, signos distintivos, patentes o modelos de utilidad.

Los derechos de Propiedad Industrial, pese a ser derechos, tienen una serie de peculiaridades respecto los derechos de propiedad ordinaria. En primer lugar, el objeto del derecho no es una cosa, sino que es un bien inmaterial, definido muchas veces como una creación de la mente humana. Estos derechos son exclusivos y excluyentes, debiendo ser el titular o la persona autorizada el único que puede explotarlos económicamente. Además, son derechos registrales, pues dependen de la inscripción en un registro para obtener la protección. No obstante, estos derechos no otorgan a su titular un poder ilimitado, sino que se conciben como limitados en el tiempo. Tras el transcurso del tiempo establecido o por la no explotación económica de estos derechos, los mismos pasarán a ser de dominio público. Existen ciertas excepciones a estos derechos que permiten la utilización bajo determinadas circunstancias, sin la necesaria autorización, garantizando un equilibrio entre los intereses de los creadores y los del conjunto de la sociedad.

Este sistema persigue fomentar la innovación, pues ofrece a creadores e inventores un monopolio para la explotación de su creación durante un tiempo limitado en el tiempo, para que puedan recuperar la inversión realizada en tiempo, esfuerzo y dinero, y obtener un beneficio. A cambio, al finalizar este periodo temporal el inventor debe permitir que el conocimiento sobre una determinada invención pase a dominio público, pudiendo ser de acceso por el público en general para que la sociedad pueda beneficiarse de las innovaciones técnicas en una determinada materia. Es mediante este incentivo en forma de derecho exclusivo, que la Propiedad Industrial constituye un aliciente para que otras personas y empresas destinen recursos a la innovación y el desarrollo.

Post Author: Alonso & Évole